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martes, 8 de mayo de 2012

Foucault, veinte años después


´Foucault, veinte años después´, Miguel Morey






Miguel Morey es catedrático de Filosofía en la Universitat de Barcelona. Autor de ‘Lectura de Foucault’ (Taurus, 1983), ha traducido, prologado y editado en castellano algunos textos esenciales de Foucault, como los recogidos en el volumen ‘Entre filosofía y literatura’ (Paidós, 1999).
LV/culturas, 19-I-2005.

Poco a poco nos hemos ido dando cuenta de lo curioso que es el destino del filósofo en una cultura de la velocidad de la luz como la nuestra. Cuando murió Foucault, se le enterró deprisa. Como con un consternado alivio ante ese repentino silencio. Cuando cuatro meses después François Ewald, que había sido su adjunto en el Collège de France, acudió a Barcelona con ocasión del primer encuentro dedicado a su memoria, comentaba que era impensable celebrar algo parecido en París por el momento. Salvo para cuatro íntimos, Foucault estaba muerto y enterrado. Incluso quienes habían aprendido de él comenzaban a usar su trabajo sin nombrarlo, las más de las veces en el marco del complot académico-administrativo. Pronto, el morbo (el mismo con el que la prensa rodeó sus últimos días, desde su ingreso en Sainte Anne hasta su muerte a causa del sida), el mismo morbo comenzará a promover la publicación de los primeros testimonios íntimos y biografías. El nombre de Foucault se entregaba así a un público con el que éste no contaba, un público para el cual Foucault no quería contar. La rotura del pacto de anonimato que siempre había solicitado desde sus libros, curiosamente, aun ofreciéndolo al gran público, lo enterraba más y más en el silencio.

No fue sino cuatro años más tarde cuando pudo París rendir homenaje a la memoria del filósofo, y aún lo hizo a su manera. Convocado por el procedimiento del boca a oreja, el primer congreso internacional Michel Foucault se celebró de un modo casi clandestino, una reunión de amigos y conocidos, por más que fuera una reunión memorable. Las comunicaciones y debates tuvieron un nivel y una audacia inusuales. Gilles Deleuze improvisó una clase magistral de una belleza inaudita. Georges Canguilhem y Paul Veyne, desde la mesa, y Jean-Pierre Vernant desde el público acabaron por componer un retrato del amigo de una estremecedora viveza. Tampoco Pierre Boulez faltó a la cita. Incluso Richard Rorty bendijo la entrada del discurso de Foucault en los USA, a condición de poner Dewey allí donde Foucault escribía Nietzsche. François Ewald y demás amigos del futuro Centre Foucault estaban felices, pero mucho más por la intensidad intelectual del acontecimiento que por las expectativas cara al futuro, ante las que se mostraban bastante escépticos. Era evidente que Foucault nunca formaría parte de la cultura oficial, no se trataba de eso. Sabíamos de sobra que incluso su ámbito de investigación había desaparecido institucionalmente con él. Por más hermosa que fuera, aquella sanción pública del trabajo de Foucault no hacía otra cosa sino dejarlo en disponibilidad latente, a la espera de alguna actualización dramática que lo emplazara de nuevo como interlocutor en el dominio de la opinión pública, acompasándolo a las condiciones del presente. No cabía pensar en otra forma de posteridad. Pero para ello se exigía un sentido nietzscheano de la crueldad para con uno mismo que se estaba muy poco dispuesto a asumir. En este punto, era imposible no pensar en Georges Bataille, en su arte de la transgresión como experiencia de la práctica no dialéctica del pensamiento, con sus iluminaciones y sus impasses. Era imposible no recordar el modo cómo pesaba sobre Foucault la filiación nietzscheana del filósofo como animal de conocimiento, condenado a hacer experimentos consigo mismo. Su testamento intelectual no dejaba lugar a dudas al definir el envite actual de la práctica filosófica, no tanto del lado de la legitimación de lo que ya se sabe, cuanto del trabajo crítico del pensamiento sobre sí mismo, en la tarea de saber cómo y hasta dónde sería posible pensar de otra manera. En realidad, este derecho fundamental de la práctica filosófica (explorar lo que puede ser cambiado en el propio pensamiento) le impone un carácter decididamente sacrificial, y en antagonismo abierto con los consensos de la opinión pública. Ésta responderá a su vez acogiendo esa voz un instante para dejar que se pierda luego en beneficio de otra cualquiera más actual, importa poco que el nuevo discurso nazca con las premisas ya refutadas por algún razonamiento anterior. Sin duda el límite puede ser transgredido, pero se recompone de inmediato a las espaldas de un transgresor cuyo gesto se pierde así en lo ilimitado.

Veinte años después, en febrero del pasado año, en el marco del primer coloquio internacional Michel Foucault, en Ciudad de México, Daniel Defert, coeditor junto a F. Ewald de los Dits et Écrits de Foucault, comentaba desolado un nuevo sarcasmo histórico a la memoria de Foucault: la compra por parte del estado de su casa natal, en Poitiers, para establecer en ella la futura sede de la dirección de establecimientos penitenciarios. No, decididamente, Foucault sigue sin formar parte de la cultura oficial, de la cultura establecida. Y lo que es peor, a pesar de todas sus enseñanzas, nuestra percepción de lo intolerable continúa tan embotada como antes de que publicara su primer libro. Sin duda estamos asistiendo en estos tiempos a una vasta y silenciosa mutación política de nuestra experiencia (un minúsculo botón de muestra tan sólo: en un abrir y cerrar de ojos y en medio de un asentimiento generalizadamente creciente, hemos visto como en la figura del fumador un ser humano era estigmatizado a causa de sus costumbres a la vez como vicioso, enfermo –actual y virtual– y malhechor. ¿Cabía imaginar tal cosa veinte años atrás?). Aunque, bien pensado, estos lodos son hijos de un polvo antiguo. Aquí mismo, en este país, hemos tenido que ver cómo se construía su autonomía al compás de una consigna que presumiblemente encarnaba la voluntad popular, la normalización. Y muchos recordarán todavía los carteles con la niña Norma sentando doctrina. Como también muchos recordarán el nombramiento como conseller d'Educació encargado de capitanear la reforma escolar de un técnico en establecimientos penitenciarios, más o menos el mismo año en el que el pensamiento de Foucault era tema para los exámenes de la selectividad…

En cierto sentido, el sarcasmo histórico importa poco. Lo importante es sin duda lo que la posteridad del filósofo en esta cultura de la velocidad de la luz revela sobre nuestro propio destino.

sábado, 31 de marzo de 2012

Del rigor a la crítica

(Se analiza la perspectiva del esfuerzo editorial de los 11 primeros números de la revista El Tímpano)



Arturo Gutiérrez Luna





Apreciables colaboradores:
Distinguidos invitados:
Damas caballeros:



No sólo el boom literario y el cine oscaril tienen sus adeptos.
A fin de cuentas, El Tímpano, una escritura una escucha ha ido creando lectores, una escritura, un tipo de lector, un tipo de usuario cultural, una escucha, un determinado tipo de crítico. El Tímpano tiene adeptos, aficionados, cómplices, compañeros y con tertulios.


El Tímpano aparece como tema de conversaciones en reuniones ordinarias o extravagantes. Se refieren a ella como la revista inaugural de la filosofía en la entidad; se habla de que su puntualidad ejemplar alcanza la seriedad al proyecto; se presume la profundidad de sus colaboraciones; se festeja la amplitud de perspectivas; es importante el acucioso número de colaboradores de buena calidad. El Tímpano no defrauda en relación con ninguna de estas conversaciones.


El Tímpano se desempeña con alto vuelo en sus tareas. Es notorio que al proponerse la difusión de textos filosóficos, también se favorecen los vuelos de la razón. Destaca, sobre todo, el compromiso con el rigor reflexivo.


Publicar filosofía supone la valoración de que el pensamiento debe ocupar un lugar privilegiado en nuestras vidas.
En este contexto, editar filosofía implica una experiencia de la crítica, un ejercicio de la libertad, un claro avivamiento de la razón.
Insistiré en este punto por un momento. Conjeturo que la publicación de una revista de filosofía como [line]El Tímpano constituye, de entrada, la animación de las discusiones, el replanteamiento de enfoques y el refrescamiento de perspectivas de análisis.

Necesariamente, al cabo de un ciclo, aparece la reflexión sobre lo andado. Tomar conciencia de cómo han sucedido las cosas. (Hacer una revista es tentación ambigua, pues lo que se espera en un principio no suele compensar las dificultades que desde un comienzo aparecen. Enseguida hay que luchar con los colaboradores que no colaboran hasta los patrocinadores que no patrocinan, pasando por detractores que no necesitan leer la revista para acusarla de dirigirse a una mafia al servicio de oscuros intereses. Los autores que no son publicados se sienten víctimas de censura; los que sí aparecen, reniegan porque su artículo no apareció en portada, o porque no se les corrigió su texto, o porque se les corrigió demasiado o porque su colaboración apareció en letras muy inhóspitas y agrestes para su confitura o junto a unas fotos que para nada son adecuadas)[/line]


No obstante las precisiones anteriores, con los entusiastas directivos de este proyecto sucede algún tipo de distracción. No existe cabal conciencia de todo lo que se ha logrado con el proyecto editorial. Cuando despertaron, ya habían publicado filosofía y letras de alta calidad, durante un año.


El mundo cultural atestigua que la puntualidad periódica y la profundidad tópica son por lo general divergentes. Por un lado, las publicaciones culturales conquistan profundidad en el tratamiento de sus temas. Por el otro, las publicaciones culturales se lucen en multiformes retrasos número a número. El Tímpano, una escritura una escucha representa en el medio cultural una muestra integrada de puntualidad y hondura temática.


Deseamos enfatizar que El Tímpano exhibe una estela de orgullo y dignidad por la misión cumplida, en el sentido de su puntualidad kantiana, pero, además, debido al sentido de oportunidad y rigor con los cuales se abordan los temas.


Hay, sin embargo, un aporte soterrado en el proyecto editorial de la revista El Tímpano, me refiero a que su puesta en marcha significó descalabros y desaciertos.
El Tímpano ingresó a la tradición cultural con un reto a cuestas; apreciar el lugar del pensamiento filosófico en el ambiente cultural de la región. Varias entidades se han beneficiadas por esta tentativa.


El Tímpano ha favorecido la conciliación y la crítica, el diálogo y la discusión. Se ha conformado como una confluencia de pareceres, un debate de teorías y en una cantera de opiniones confrontadas.La afición por el rigor caracteriza la vocación del proyecto editorial de la revista. Perseguir el rigor, identificar sus rostros, decantar sus mieles viene a ser la tarea cotidiana de este grupo de entusiastas de la filosofía. Son decididamente meticulosos; son artesanos del rigor.


Esta devoción por el rigor combate la estrechez de miras, enriquece el diálogo y fomenta el debate. Definitivamente, hoy somos mejores después de la reflexión propuesta en las páginas de los primeros 11 números de la revista.


Subrayamos que la filosofía es otra desde que El Tímpano está entre nosotros. La sentimos más próxima, nos resulta enteramente nuestra, nos parece más real. El Tímpano ha democratizado la reflexión filosófica entre la ciudadanía. Número a número hemos accedido a importantes reflexiones de agilidad y alcance diverso, pero, en todo caso, proponiéndose un aporte.

Las entregas de El Tímpano muestran un lector sutil en busca de lectores sutiles. Apuesta por la sutileza del pensamiento y denostar las consideraciones zafias.

Esta noche queremos agradecer que El Tímpano, una escritura una escucha ha fundado por fin la reflexión filosófica anclada en el rigor.

Gracias a El Tímpano es menos acre la herrumbre de lo cotidiano.

Gracias a El Tímpano transitamos la cultura de la diferencia en medio de los dogmas.
Gracias a El Tímpano somos lectores, pero lectores incisivos.
Déjate caer, El Tímpano, una escritura una escucha te hará filosofar.
Muchas gracias



* palabras del autor en la presentación del número 11 de la Revista El Tímpano.

domingo, 29 de enero de 2012

cafe foucault en emagister

Estimados lectores:
Pueden encontrar muy interesante material de Michel Foucault y otros pensadores en el enlace: http://grupos.emagister.com/cafe_foucault/38784 que lo disfruten